Ejemplos De Monólogo

Los monólogos en las obras de teatro son escenas donde uno de los personajes habla consigo mismo para tratar de resolver sus dudas. Grandes dramaturgos como Shakespeare o Sófocles nos han dejado memorables ejemplos de monólogo.

Este recurso narrativo, es utilizado en el teatro, y en menor medida en el cine. Ya que la única forma que tienen los personajes de expresar sus dudas y pensamientos, es mediante el dialogo.

Por lo que el monologo le sirve al público para adentrarse en la mente del personaje. De esta forma se entienden mejor sus motivaciones y estilo de vida.

Ejemplos de monologo

Ejemplo 1:

“¿Es una daga eso que contemplo ante mí,

con la empuñadura cerca de mi mano? ¡Ven, que pueda cogerte!

Yo no te tengo y, sin embargo, siempre te veo ahí.

Visión fatal, ¿no eres sensible

al tacto y la mirada? ¿O eres, quizá, tan solo

un puñal en mi mente, imagen falsa

que surge en mi cerebro al que la fiebre oprime? Puedo verte de forma tan palpable

como el que empuño ahora.

Me indicaste el camino por el que ya avanzaba

y el arma misma que debía usar.

Mis ojos son la burla de mis otros sentidos,

o quizá a todos ellos superen en valor… Todavía te veo;

también las gotas, en el filo y en la empuñadura, de una sangre

que antes no estaba. No, no eres real.

Es mi sangrienta empresa que así crece

ante mis ojos… Sobre medio mundo, ahora, se diría,

Naturaleza ha muerto, y los sueños corruptos

al sueño oculto en su dosel engañan. El hechizo celebra

los ritos de la apagada Hécate; y el escuálido crimen

avisado por su centinela, el lobo,

cuyo aullido es la alarma, sigilosamente

con zancadas lascivas de Tarquino,

a su designio avanza como espectro. Tierra, segura y firme,

no escuches mis pisadas, vayan donde vayan,

no sea que tus mismas piedras descubran donde voy

arrebatando al tiempo el horror de este instante

que tan bien le acomoda… Mientras le amenazo, vive todavía;

las palabras congelan con su halito el calor de los actos.

(Suena una campana)

Es un hecho, ¡ya voy!: la campana me invita.

No la escuches tu´, Duncan, pues que su tañido

al cielo te reclama, o al infierno”.

Macbeth. Acto: II escena 1. De William Shakespeare.

Ejemplo 2

“¡Ah Citerón!, ¿por qué me has recogido?, ¿por qué, después de haberme acogido, no me dejaste morir en seguida? Así nunca hubiera tenido que confesar a los hombres de quién había yo nacido. ¡Oh Pólibo!, ¡oh Corinto!, viejo palacio al que yo llamaba el palacio paterno, ¡qué vergüenzas habéis hecho crecer en mí bajo la belleza que las ocultaba! Porque hoy, a los ojos de todos, soy un criminal, un monstruo nacido de padres criminales. ¡Oh! (…)

Acercaos, no desdeñéis tocar a un pobre desgraciado. Creedme, no tengáis ningún temor, pues mis males son tan grandes que nadie entre los mortales es capaz, excepto yo, de soportarlos”.

Edipo rey. Sófocles.

Ejemplo 3

“La noche me oculta con su velo; si no, el rubor teñiría mis mejillas por lo que antes me has oído decir. ¡Cuánto me gustaría seguir las reglas, negar lo dicho! Pero, ¡adiós al fingimiento! ¿Me quieres? Sé que dirás que sí y te creeré. Si jurases, podrías ser perjuro: dicen que Júpiter se ríe de los perjurios de amantes.

¡Ah, gentil Romeo! Si me quieres, dímelo de buena fe. O, si crees que soy tan fácil, me pondré áspera y rara, y diré «no» con tal que me enamores, y no más que por ti. Mas confía en mí: demostraré ser más fiel que las que saben fingirse distantes.

Reconozco que habría sido más cauta si tú, a escondidas, no hubieras oído mi confesión de amor. Así que, perdóname y no juzgues liviandad esta entrega que la oscuridad de la noche ha descubierto”.

Romeo y Julieta. Acto II escena 2. De William Shakespeare.

Ejemplo 4

“Ahora, hazme el favor de escucharme, porque voy a hablar de este asunto por última vez. (Pausa) En treinta y ocho años de mi vida he sido maestro de escuela, cajero de imprenta, secretario de un comprador de esmeraldas en el río Magdalena, espiritista, seminarista, rosacruz, masón, ateo, libre pensador y comunista. ¡Y ahora, te voy a explicar por qué soy comunista!

Cuando era niño, en Valencia, mi santa madre, Ernestina, viuda de Miranda, enfermera jubilada del Hospital de Leprosos, lectora perpetua de El Conde de Montecristo, se ahorcó en su habitación. ¿Sabes cómo mierda se ahorcó? Amontonó en el suelo, Los miserables, de Víctor Hugo, El coche número 13, 20 de Xavier de Montepin, La dama de las camelias, de Alejandro Dumas, hijo, El crimen del padre Amaro, de Eça de Queiroz y una edición ilustrada de la Biblia.

Se subió a la pila de libros, y ni siquiera, maldita sea, me dejó una carta explicativa. Se limitó a saltar sobre la narrativa romántica, con una fiereza inexplicable. Ahora parece un chiste y, a veces, me he sorprendido a mí mismo, riéndome al contarlo. ¡Pero desde ese día tuve miedo! ¡Me orinaba en la cama de puro miedo! ¡No me atrevía a cruzar el patio después de las once, por temor a encontrarla bajo el limonero, o en el comedor, o en la cocina!

Tú me preguntarás, ¿miedo a qué mierda? Y yo te diré, miedo a que me explicara por qué lo había hecho. Miedo a no inventarla. Miedo a terminar en la misma viga y bajo el mismo techo. (Breve pausa) ¡Leí los libros de aquel patíbulo que mamá había hecho en su dormitorio, buscando una clave, una respuesta, una explicación cualquiera…! ¡Y no encontré nada! ¡Páginas y páginas… y nada! (Pausa) ¡Ingresé en el seminario arquediocesano y comencé a masturbarme todas las noches! ¡Y un día me descubrieron en una lascivia con la imagen de Santa Rita! ¡Y me declararon loco y atormentado! Entonces, dejé de creer en Dios… Porque, ¿cómo mierda creo en Dios, si me provocaba la imagen de Santa Rita? ¿No comprendes que me expulsaron de la vida?”

El día que me quieras. Acto I. José Ignacio Cabrujas.

Ejemplo 5.

Ser, o no ser, ésa es la cuestión.

¿Cuál es más digna acción del ánimo,

sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta,

u oponer los brazos a este torrente de calamidades,

y darlas fin con atrevida resistencia?

Morir es dormir. ¿No más?

¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron

y los dolores sin número,

patrimonio de nuestra débil naturaleza?…

Este es un término que deberíamos solicitar con ansia.

Morir es dormir… y tal vez soñar.

Sí, y ved aquí el grande obstáculo,

porque el considerar que sueños

podrán ocurrir en el silencio del sepulcro,

cuando hayamos abandonado este despojo mortal,

es razón harto poderosa para detenernos.

Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.

¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales,

la insolencia de los empleados,

las tropelías que recibe pacífico

el mérito de los hombres más indignos,

las angustias de un mal pagado amor,

las injurias y quebrantos de la edad,

la violencia de los tiranos,

el desprecio de los soberbios?

Cuando el que esto sufre,

pudiera procurar su quietud con sólo un puñal.

¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando,

gimiendo bajo el peso de una vida molesta

si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte

(aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna)

nos embaraza en dudas

y nos hace sufrir los males que nos cercan;

antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento?

Esta previsión nos hace a todos cobardes,

así la natural tintura del valor se debilita

con los barnices pálidos de la prudencia,

las empresas de mayor importancia

por esta sola consideración mudan camino,

no se ejecutan y se reducen a designios vanos.

Pero… ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña,

espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones.

Hamlet: III acto, escena 1. William Shakespeare

Estos fueron algunos ejemplos de monólogos escritos por varios autores. En los cuales se explora las psicologías de los personajes.

Referencias bibliográficas

Ejemplo 1:

Macbeth. William Shakespeare. Obtenido de: https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Shakespeare-Macbeth.pdf

Ejemplo 2:

Edipo Rey. Sofocles. Edición de Pehuen editores. Edición del 2001.

Ejemplo 3:

Romeo y Julieta. William Shakespeare. Luarna. Obtenido de: http://www.ataun.eus/BIBLIOTECAGRATUITA/Cl%C3%A1sicos%20en%20Espa%C3%B1ol/William%20Shakespeare/Romeo%20y%20Julieta.pdf

Ejemplo 4:

El día que me quieras. José Ignacio Cabrujas. Monte Ávila editores. 1989. Obtenido de: http://200.111.157.35/biblio/recursos/Cabrujas,%20Jose%20Ignacio%20-Cabrujas,%20Jose%20Ignacio.pdf

Ejemplo 5:

Hamlet. William Shakespeare. Ser o no ser, esa es la cuestión. Andrea Imaginario. Cultura genial.

Los 5 ejemplos de monologo más icónicos en el mundo del teatro. Ser o no ser y Edipo Rey.