Ejemplos De Antipoesía

Aquí te presentaremos diversos ejemplos de antipoesía para que puedas reconocerla de ahora en adelante.

Es un género poético en el que se escribe con el objetivo de ir en contra de la estructura común de la poesía. Se basa en la contradicción y la irritación.

Suele utilizar recursos del lenguaje coloquial, conducidos a la burla y a la autocrítica para acabar con el esquema tradicional de la poesía.

Entre los personajes más representativos de este estilo artístico se encuentran Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Pablo Neruda. Son considerados como los grandes antipoetas del siglo XX.

En este género, el poeta se convierte en un observador de la realidad social y deja de ser el mítico artista que se inspira a través de una musa. Se deja de lado la subjetividad para buscar la objetividad.

Ejemplos de antipoesía

  1. Aprovecho la hora del almuerzo. Nicanor Parra
  2. “Aprovecho la hora del almuerzo

    para hacer un examen de conciencia

    ¿Cuántos brazos me quedan por abrir?

    ¿Cuántos pétalos negros por cerrar?

    ¡A lo mejor soy un sobreviviente!

    El receptor de radio me recuerda

    mis deberes, las clases, los poemas

    con una voz que parece venir

    desde lo más profundo del sepulcro.

    El corazón no sabe que pensar.

    Hago como que miro los espejos

    un cliente estornuda a su mujer

    otro enciende un cigarro

    otro lee las últimas noticias.

    ¡Qué podemos hacer, árbol sin hojas,

    fuera de dar la última mirada

    en dirección del paraíso perdido!

    Responde sol oscuro

    Ilumina un instante

    aunque después te apagues para siempre.”

  3. La calle destruida. Pablo Neruda
  4. “Por el hierro injuriado, por los ojos del yeso

    pasa una lengua de años diferentes

    del tiempo. Es una cola

    de ásperas crines, unas manos de piedra llenas de ira,

    y el color de las casas enmudece, y estallan

    las decisiones de la arquitectura,

    un pie terrible ensucia los balcones:

    con lentitud, con sombra acumulada,

    con máscaras mordidas de invierno y lentitud,

    se pasean los días de alta frente

    entre casas sin luna.

    El agua y la costumbre y el lodo blanco

    que la estrella despide, y en especial

    el aire que las campanas han golpeado con furia,

    gastan las cosas, tocan

    las ruedas, se detienen

    en las cigarrerías,

    y crece el pelo rojo en las cornisas

    como un largo lamento, mientras a lo profundo

    caen llaves, relojes,

    flores asimiladas al olvido.

    ¿Dónde está la violeta recién parida? ¿Dónde

    la corbata y el virginal céfiro rojo?

    Sobre las poblaciones

    una lengua de polvo podrido se adelanta

    rompiendo anillos, royendo pintura,

    haciendo aullar sin voz las sillas negras,

    cubriendo los florones del cemento, los baluartes de metal

    destrozado,

    el jardín y la lana, las ampliaciones de fotografías ardientes

    heridas por la lluvia, la sed de las alcobas, y los grandes

    carteles de los cines en donde luchan

    la pantera y el trueno,

    las lanzas del geranio, los almacenes llenos de miel perdida,

    la tos, los trajes de tejido brillante,

    todo se cubre de un sabor mortal

    a retroceso y humedad y herida.

    Tal vez las conversaciones anudadas, el roce de los cuerpos,

    la virtud de las fatigadas señoras que anidan en el humo,

    los tomates asesinados implacablemente,

    el paso de los caballos de un triste regimiento,

    la luz, la presión de muchos dedos sin nombre

    gastan la fibra plana de la cal,

    rodean de aire neutro las fachadas

    como cuchillos: mientras

    el aire del peligro roe las circunstancias,

    los ladrillos, la sal se derraman como aguas

    y los carros de gordos ejes tambalean.

    Ola de rosas rotas y agujeros! Futuro

    de la vena olorosa! Objetos sin piedad!

    Nadie circule! Nadie abra los brazos

    dentro del agua ciega!

    Oh movimiento, oh nombre malherido,

    oh cucharada de viento confuso

    y color azotado! Oh herida en donde caen

    hasta morir las guitarras azules!”

  5. Vicente Huidobro
  6. “Marcho día y noche

    como un parque desolado.

    Marcho día y noche entre esfinges caídas de mis ojos;

    miro el cielo y su hierba que aprende a cantar;

    miro el campo herido a grandes gritos,

    y el sol en medio del viento.

    Acaricio mi sombrero lleno de luz especial;

    paso la mano sobre el lomo del viento;

    los vientos, que pasan como las semanas;

    los vientos y las luces con gestos de fruta y sed de sangre;

    las luces, que pasan como los meses;

    cuando la noche se apoya sobre las casas,

    y el perfume de los claveles gira en torno de su eje.

    Tomo asiento, como el canto de los pájaros;

    es la fatiga lejana y la neblina;

    caigo como el viento sobre la luz.

    Caigo sobre mi alma.

    He ahí el pájaro de los milagros;

    he ahí los tatuajes de mi castillo;

    he ahí mis plumas sobre el mar, que grita adiós.

    Caigo de mi alma.

    Y me rompo en pedazos de alma sobre el invierno;

    caigo del viento sobre la luz;

    caigo de la paloma sobre el viento.”

  7. Grano de pólvora a una cigarra. Pablo de Rokha

“Empuña el sol tocando y desparramando su cuerno de fuego, y en los surcos maduros el pan estalla entre gaviotas y vasijas…

Todo está hecho así, Luisita: vihuelas y cadenas, y somos materia que habla, materia que llora, materia que canta y enormes categorías de espanto; cae el hombre y se levanta la sociedad huracanada, rompiendo esclavitud adentro y congojas grandes como espigas o como estruendos de eternidades que batallan arrojándose montañas a la cara; amor, aquí estoy cuidando tu sueño como un tigre rojo o un soldado de basalto de centinela en las avanzadas del mundo.

Sobre el hambre del régimen levantan los imperios económicos la bandera negra de la piratería internacional, enarbolada por los Caínes y traidores, y el águila de los infiernos desgarra y aplasta vientres de mujeres de miel y niños atroces con la pata macabra de la guerra y la inflación rugiente de cadáveres.

Monologando, arañándome el corazón con la cuchara rota de la pena, me arranco el pedazo del alma que representa a cada semana y te contemplo a ti adentro, solita y enorme como un nomeolvides en un abismo; viejo, furioso, tierno, el rescoldo del remoto querer levanta llamas tronchadas y multitudinarias, rajando el hígado anciano del quemado roble, y una perdiz feroz toma y emigra; soy espectáculo y audiencia de un drama eterno, copretérito, en el cual mis entrañas son el personaje latente, el rugiente fusil o caballo desaforado que busca abismos, y un hijo del pueblo, cruzando los pueblos hambrientos con su atado de volcanes gritando en la soledad de los navíos; no volveré a besar nunca jamás tu boca de tierra y mundos; y a la orilla de mí las hienas lluviosas y envenenadas de “Dios” rajan la sábana de luto del tiempo con las ganas quebradas y ensangrentadas.

Llorando como el retrato de Balmaceda en la decadencia de la clase-media provincial de hoy, penoso y telarañoso te escribo, circunscrita de amapolas, versos de fuego con hierro rugiendo y tórtolas, para el Correo del Otro Mundo, como un roto infeliz que se lavase solo la puñalada total con el jabón de olor de los recuerdos, encima de la patria caída.

Tremendamente poblado de lisiados y ladrones, asesinos y limosneros, peronistas, poetastros, sodomitas, demagogos y literatos-tiburones-cogoteros profesionales, el país de Chile parece un poncho de piojos y lágrimas, y a la opinión pública le llora un muerto en la garganta; inviernos sin braseros ni comida gotearon las últimas habitaciones, y tu ausencia, Winétt, socava la patria que cantaste; floreció el peral un tarro de llanto y las palomas se cubrieron de suicidio y lluvia en las mediaguas abandonadas de antaño, en las que denantes sentí el calofrío del infinito bajando como helado y amargo fantasma, o como obrero sin trabajo o como pasado de antigua familia caída en la prostitución y la miseria.

Como un búho en el crepúsculo se derrumban los aterrados demagogos literarios y es horrenda la existencia entre podridas gentes, entre mentiras que roen como ratones rojos la reputación democrática y el don creador, entre Obispos de Mar de la literatura que han hedionda hasta el alma, entre la cháchara radial bestial del compadrón justicialista, que en un aletazo de imbecilidad tenebroso, entre las abejas muertas de tu recuerdo que se manchan las pestañas de oro azul en el pantano de la vida.

Comprendo lo serio y tremendo que es ver llorar a un hombre; lo soy entero, definitivamente, rotundo; tu orgullo fui de hombría lleno, y lloro con vergüenza y con grandeza, lloro tal como un rotito chileno botado en las cunetas del camino, por el cual avanza como grande barco el automóvil del latifundista; o como si todo mi llanto fuera el llanto general del mundo; volveré a ser el huaso litoral, el huaso de montura de potro y cuchilla, cacho y lazo de siete correones, espuelas con rodaja de campana de luto y manta a rayas color bandera y fuego, y el roto completamente solo y entristecido para siempre nunca, o el hacendado menor sublimado en bodeguero-despachero-carnicero de provincia o barrio de antaño y moriré apuñalado en una gran barranca. Vociferando de alegría horrible; mi desesperación fusilera se desafía con mi cinturón de balas y he de caer entonces, recordándote a ti que estás presente con todos los pueblos adentro de la canción eterna, oh! dulce calandria de oro…

Entre el ilustre mar y tú, la relación de profundidad es enorme; es por aquello que no es tu recuerdo quien va adentro de mí, sino yo mismo íntegro adentro de tu recuerdo porque yo soy tu recuerdo; desde mi congoja llueve tu nombre, y voy como Galvarino con los brazos cortados a la altura del corazón.

Llora la ojota nacional, y el país hambriento y desesperado aguanta la patada del gran imperio del dó1ar tallada en la bota del patrón, y el peón apenas se puede la miseria; tranco a tranco, empujo mi alma como un carretón viejo; y estos renglones echan humo y pena de gran incendio, como si se quemasen todas las montañas del mundo; sobre las ruinas tremendas alto y retumba el trueno; aguarda un momento Winétt: ¡voy a golpear la Eternidad con la cacha de mi revólver!”

De esta manera, finalizamos los ejemplos de antipoesía con diversos antipoetas para que puedas ver la manera que tenía cada uno de abordar este estilo.

Bibliografía

Girón, H. C. (2006). Antipoetas: Huidobro, Neruda, Parra. Nerudiana, 8-11