Ejemplos De Diálogos Cortos

Los diálogos son uno de los elementos que componen un texto literario. Al igual que la narración y la descripción. Algunos ejemplos de diálogos se presentan cuando los personajes expresan sus ideas de forma oral.

Gracias al diálogo, los espectadores o lectores pueden saber de forma más detallada los pensamientos del personaje. Ya que, de otro modo, el público solo podría intuir, o construir una manera abstracta, la personalidad de los personajes.

En las novelas o cuentos, el diálogo es señalado con un guion largo. En los guiones de teatro o televisión se coloca el nombre del personaje, seguido de dos puntos.

A continuación, mostraremos algunos ejemplos de diálogos cortos.

Ejemplos de diálogos cortos

Ejemplo 1

  • Esa página carece de información de contacto— explicó Langdon—. Estoy seguro.
  • Tengo gente en el laboratorio muy experta en extraer información de la red.

El escepticismo de Langdon no disminuía.

  • Da la impresión de que su laboratorio sabe mucho sobre la red.
  • Por fuerza—replicó el hombre—nosotros la inventamos.

Algo en la voz del hombre revelo a Langdon que no estaba bromeando.

  • He de verle— insistió el desconocido— no podemos hablar de este asunto por teléfono. Mi laboratorio esta solo a una hora de avión en Boston.

Ejemplo sacado de: Ángeles y demonios. Dan Bronw.

Ejemplo 2

  • Al menos, todos esos se irán cuando se lleven el cuerpo— dijo Wardle todavía mirando hacia los fotógrafos.
  • No se van a ir mientras sigamos tratando este lugar como una maldita escena de un crimen— espetó Carver.

Wardle no respondió a aquel desafío tácito. Carver explotó de todos modos.

  • La pobre estúpida saltó. No había nadie más allí. Tu supuesta testigo estaba hasta el gorro de cocaína.
  • Ya viene— anunció Wardle y, para disgusto de Carver, salió de la carpa para esperar a la ambulancia a la vista de las cámaras.

Ejemplo sacado de: El canto del cuco. De Robert Galbraith.

Ejemplo 3

  • ¿Llamaste? — preguntó, irritado.
  • ¡No! —exclamó la señora K.
  • Creí oírte gritar.
  • ¿Grite? Estaba medio dormida y tuve un sueño.
  • ¿A esta hora? No es tu costumbre.

La señora K seguía sentada como si el sueño le hubiese golpeado la cara.

  • Extraño, muy extraño— murmuro—. El sueño.
  • Ah— evidentemente, el señor K quería volver a su libro.
  • Soñé con un hombre.
  • Con un hombre.
  • Un hombre alto de metro ochenta.

Ejemplo sacado de: Crónicas Marcianas. De Ray Bradbury.

Ejemplo 4

  • Ojalá pudieras hablar, amigo.

Entonces por un segundo le pareció estar soñando, pues con toda claridad, aunque en voz baja, el animal respondió.

  • ¡Claro que puedo!

Shasta clavó la mirada en los hermosos ojos del animal y los suyos se hicieron igual de grandes, debido a la sorpresa.

  • ¿Cómo has aprendido a hablar?
  • ¡Chist! No tan fuerte— respondió el caballo— En el lugar del que yo vengo, casi todos los animales hablan.
  • ¿Dónde está eso? — inquirió Shasta.
  • En Narnia—respondió él— el feliz país de Narnia; Narnia, la de las montañas cubierta de brezos y las colinas llenas de tomillo; Narnia, la de los muchos ríos, las cañadas cenagosas, las cavernas llenas de musgo y los espesos bosques en los que resuenan los martillos de los enanos.

Ejemplo extraído de: Las crónicas de Narnia: el caballo y el muchacho. C. S. Lewis.

Ejemplo 5

  • ¿Va todo bien pequeña?
  • Todo va perfectamente, Boris Ivanovith.

El llamado Boris Ivanovith movió la cabeza murmurando:

  • No creo que me hayan seguido.

Pero había cierta ansiedad en sus palabras. Se dirigió hacia la ventana y, apartando disimuladamente los visillos, miró hacia la calle. Lo que le hizo retroceder con rapidez.

  • Hay dos hombres en la acera del frente. Miran hacia aquí.

Ejemplo sacado de: El misterio del tren azul. Agatha Christie.

Ejemplo 6

  • ¡Geroge! El capitán Hastings acaba de llegar.

El coronel Luttrel estrecho mi mano afectuosamente.

  • Ha llegado usted en el tren de las cinco y cuarenta, ¿he?
  • ¿En cualquier otro tren hubiera podido llegar presentándose a esta hora? —Inquirió la señora Luttrel, con viveza— bueno, ¿Y eso que más da? Enséñale su habitación, George. Luego, puede ser que desee ver a Monsieur Poirot ¿O prefiere usted que antes de nada le sirvan una taza de té?

Le aseguré que no me apetecía tomar una taza de té en aquel momento y que lo que realmente ansiaba era saludar cuanto antes a mi amigo.

  • De acuerdo. Vámonos. Espero… ¡ejem!… que su equipaje haya sido llevado arriba…¿He, Daysi?

Ejemplo sacado de: Telón. Agatha Christie.

Ejemplo 7

  • Necesito mi trabajo. Necesito retratar lo que nadie ha retratado. Se lo ruego.
  • No puedo dejarlo subir. También mi empleo va en ello.
  • Nadie tiene por qué saber que me ha dejado.
  • Pero lo sabré yo, y créame, es mucho.
  • ¿Qué edad tienes niña? No puedes imaginarte lo que esto significa para mí. Es mi oportunidad. Pero a tu edad, no puedes entenderlo.

Ejemplo sacado de. Sabanas Negras. Sonia Chocrón. 

Ejemplo 8

  • Señor Smith, ¿No le gustaría abandonar Richmond?
  • ¡Claro que me gustaría! — Contestó en ingeniero, no sin experimentar cierta extrañeza ante aquel hombre que le hablaba en voz baja.
  • Entonces ¿Qué le parecería a usted si nos escapásemos?
  • ¿Cuándo? — contestó con viveza el ingeniero.
  • ¡Lo antes posible y en aquel globo amarillo en esa plaza!
  • Pero es que yo no estoy solo— replicó el ingeniero— comparto mi triste suerte de prisionero con un periodista al que no puedo abandonar.
  • ¡Está bien! — asistió el marino—. Puede venir con nosotros en total seremos cuatro.

Ejemplo sacado de: La isla misteriosa. De Julio Verne.

Ejemplo 9

  • Ama, ¿seguro que te las arreglarás sola?
  • ¿Por qué no vais en autobús al aeropuerto? El taxi de aquí a Bilbao os va a costar un dineral.

Él:

  • No te preocupes por eso.

Las maletas, la incomodidad, la lentitud, alegó.

  • Sí, pero vais con tiempo, ¿no?
  • Ama, no insistas. Está decidido que iremos en taxi. Es lo más cómodo.

Quique empezaba a impacientarse.

  • Es lo único cómodo.

Añadió que se iba a fumar un cigarrillo a la calle mientras habláis. Olía fuerte a perfume ese hombre. Pero la boca le huele a bebida y no son más que las nueve de la mañana. Se despidió mirándose la cara en el espejo del recibidor. Presumido. Y después, ¿autoritario, cordial pero seco?, a Nerea:

  • No tardes.

Cinco minutos, le prometió. Luego resultaron quince. A solas, a su madre: que aquel viaje a Londres significaba mucho para ella.

  • Me cuesta imaginar que pintes algo en las conversaciones de tu marido con los clientes. ¿O es que sin decirme nada te has puesto a trabajar en su empresa?

Ejemplo sacado de: Patria. De Fernando Aramburu.

Acabamos de ver una lista de ejemplos de diálogos cortos extraídos de varios autores. En ellos podemos ver cómo los personajes, expresan sus ideas y comentan situaciones.