10 Ejemplos de fábulas cortas

Una fábula es una historia que presenta animales, plantas o fuerzas de la naturaleza antropomorfizadas (dadas las cualidades humanas). Una fábula siempre termina con una «moraleja». Esta es la lección que se pretende aprender al leer la historia. Las fábulas nos cuentan una historia y nos enseñan una lección al mismo tiempo y las hemos estado escuchando, volviéndolas a contar y escribiéndolas durante más de dos mil años.

1. Fábula del Elefante y el Ratón

Un día como tantos en la sabana, un gran elefante dormía la siesta. Unos ratoncitos jugaban a las escondidas a su alrededor, y a uno de ellos, que siempre perdía porque sus amigos lo encontraban enseguida, se le ocurrió esconderse en las orejas del elefante. Se dijo:

-A nadie se le ocurrirá buscarme allí, ¡por fin ganaré!

Entonces se escondió, pero sus movimientos despertaron al elefante, que muy molesto pues habían perturbado su sueño, pisó la cola del ratoncito con su enorme pata y le dijo:

-¿Qué haces ratón impertinente? Te voy a aplastar con mi enorme pata para que aprendas a no molestarme mientras duermo.

El ratoncito, asustado, le suplicó llorando:

-Por favor elefante, no me pises. Si me perdonas la vida yo te deberé un favor.

El elefante soltó una carcajada y le respondió:

-Te soltaré solo porque me das lástima, pero no para que me debas un favor. ¿Qué podría hacer un insignificante ratón por mí?

Entonces el elefante soltó al ratón. Sucedió que semanas más tarde, mientras el ratoncito jugaba con sus amigos, se encontró con el elefante atrapado bajo las redes de un cazador. Estaba muy débil porque había luchado mucho para liberarse, y ya no tenía fuerzas para nada más. El ratoncito se puso a roer las cuerdas y después de un rato, logró liberarlo. El elefante le quedó sinceramente agradecido, y nunca más volvió a juzgar a nadie por las apariencias.

La moraleja de la fábula

Nunca hay que juzgar a nadie por su apariencia, sin conocerla. Las cualidades que no se ven a primera vista son las que definen a una persona.

2. El lobo con piel de oveja

Un lobo que estaba cansado de fracasar al intentar cazar las ovejas de un pastor, un buen día tuvo un plan: se disfrazó cubriéndose con una piel de oveja, y se mezcló con el rebaño para pasar desapercibido. Tan bueno era su disfraz, que al final del día el pastor lo llevó junto con las demás ovejas al corral, y allí lo encerró.

El lobo estaba feliz, pues finalmente iba a poder comerse a unas cuantas ovejas; estaba a punto de llevar a cabo su plan, cuando entró el pastor al corral: tenía que procurar carne para su familia y venía a escoger una oveja para sacrificar. Escogió al lobo y lo sacrificó al instante, sin darse cuenta de nada.

La moraleja de la fábula

Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

3. Las mulas y los ladrones

Dos mulas caminaban cargadas por un camino. Las dos llevaban cargas muy pesadas, una en sus alforjas cargaba grano, y la otra monedas de oro. Pero mientras que la mula que cargaba el grano iba caminando tranquila por el camino, la que llevaba el oro caminaba con la cabeza erguida y la mirada altiva, moviendo su lomo para hacer tintinear las monedas de oro. Estaba orgullosa de haber sido escogida para llevar una carga preciosa, ¡no ese grano tan ordinario!

Pero de repente, desde atrás de unos arbustos en donde se habían escondido, dos ladrones salieron al camino. Con unos bastones le pegaron a la mula de las monedas de oro hasta dejarla tirada en el suelo, le arrebataron los sacos de monedas y escaparon a toda velocidad, sin hacer ni caso de la otra mula.

La mula que llevaba el grano ayudó como pudo a la otra a levantarse, y juntas siguieron su camino. ¡La mula del grano estaba muy contenta con su carga ordinaria!

La moraleja de la fábula

La ostentación exagerada de la riqueza solo trae desventuras.

4. La liebre y la tortuga

Una liebre presumida se burla de una tortuga por ser tan lenta. La tortuga trataba de no hacerle caso, pero un día se cansó y la retó a correr una carrera para ver cuál de las dos era la más rápida. La liebre, muerta de risa, aceptó el reto.

Al día siguiente la liebre y la tortuga se presentaron en la línea de largada, ante los ojos de los demás animales. Cuando el búho dio la señal, la liebre salió corriendo como un rayo, levantando una nube de polvo. La tortuga comenzó a caminar despacito, tosiendo por el polvo, y cuando pudo ver la liebre ya se había perdido de vista. Pero no se desanimó y siguió con su paso lento pero seguro.

Al ver la enorme ventaja que había sacado, la liebre presumida decidió echarse a descansar a la sombra de un árbol, tan segura estaba de su victoria. Pero se quedó dormida, y la tortuga, pasito a pasito, la superó. La liebre se despertó y vió a la tortuga a dos pasos de la línea de meta: desesperada salió corriendo pero no pudo alcanzarla, ¡y la tortuga ganó la carrera!

La moraleja de la fábula

Jamás hay que burlarse de los demás, porque todos tenemos capacidades diferentes y nadie es mejor que otro. Además, la vanidad y el exceso de confianza pueden llevarnos a fracasar en nuestros objetivos.

6. Las ranas pidiendo rey

Las ranas vivían en el caos y la anarquía, y estaban cansadas de esta situación. Así que mandaron una delegación para pedirle a Zeus, el rey de los dioses, que les enviara un rey.

Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca.

Las ranas se asustaron con el ruido que hizo el leño al caer, y se escondieron entre ramas y piedras. Por fin, al darse cuenta de que el leño no se movía, fueron saliendo de sus escondites. Poco a poco, dada la quietud que reinaba, las ranas comenzaron a despreciar al nuevo rey, brincando sobre él y sentándose encima, burlándose continuamente.

Al poco se sintieron humilladas por tener un simple leño como monarca, y volvieron a ver a Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, porque éste era demasiado tranquilo.

Entonces Zeus, indignado, les mandó una serpiente de agua muy activa y movediza que, una a una, las atrapó y devoró sin compasión.

La moraleja de la fábula

A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.

7. El escorpión y la rana

Una rana estaba descansando a la orilla de un río, cuando ve llegar a un escorpión. La rana se asusta un poco, pero el escorpión se demuestra amigable y le dice:

-Amable rana, ¿podrías ayudarme a cruzar el río llevándome en tu lomo? Te prometo que no te picaré. Si lo hiciera, las dos moriríamos ahogadas.

La rana duda un momento, pero después se deja convencer por la explicación del escorpión. Así que lo hace montar en su lomo y comienza a nadar para atravesar el río. A mitad de camino, la rana siente un tremendo dolor en el lomo y se da cuenta de que el escorpión la ha picado. Ya sintiendo que las fuerzas la abandonan y la muerte se acerca, dice al escorpión:

-¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Ahora moriremos los dos!

-No he podido evitarlo, es mi naturaleza- responde el escorpión, mientras se hunde junto con la rana.

La moraleja de la fábula

No trates de engañarte con alguien creyendo que es o puede ser igual que tú; hay personas que sacarán su maldad sin importarles las consecuencias de sus actos, ni dañarse incluso a sí mismos.

8. El parto de los montes

Un día los montes comenzaron a temblar, sacudirse y lamentarse. Todos los lugareños se asustaron muchísimo al ver a estos montes siempre tan serenos y bonitos, en una actitud tan extraña. Los montes parecían contraerse y lamentarse, tanto que las parteras del pueblo comenzaron a decir que iban a dar a luz. Y así las personas que vivían en los alrededores, atemorizadas, fueron viendo durante todo el día cómo los montes se quejaban y temblaban, cada vez más fuerte. Hasta que al anochecer, se produjo un estruendo tremendo, los montes se abrieron, y de la grieta salió un pequeño ratón.

La moraleja de la fábula

La moraleja de esta historia recuerda el refrán popular «mucho ruido y pocas nueces», es decir aquellos acontecimientos que se anuncian como algo mucho más grande o importante de lo que realmente terminan siendo.

9. La gallina de los huevos de oro

Un granjero y su esposa compraron una gallina gorda en el mercado del pueblo y la dejaron en el gallinero, junto con las demás gallinas. Al día siguiente, cuando fueron al gallinero a recoger los huevos, ¡no salían de su asombro al ver que la gallina gorda había puesto un huevo de oro! La escena se repitió por varios días: el granjero y su esposa iban al gallinero a recoger los huevos, y la gallina gorda había puesto un huevo de oro.

La pareja entonces ideó un plan: pensaron que si mataban a la gallina y le abrían la barriga, iban a poder sacar todos los huevos de oro juntos, sin tener que esperar a que pusiera uno por día. Pero se llevaron la peor sorpresas de sus vidas cuando abrieron la panza de la pobre gallina y la encontraron vacía. El granjero y su esposa se arrepintieron por el resto de sus vidas por haber matado a la gallina de los huevos de oro.

La moraleja de la fábula

La avidez nos puede llevar a perder lo que tenemos. Es mejor conservar lo poco que se tiene que arriesgarse a perderlo en busca de más.

10. La zorra y las uvas

Una zorra que dormía bajo una vid se despertó hambrienta y vio sobre su cabeza un hermoso y apetitoso racimo de uvas. Deseosa de probar aquel dulce y refrescante manjar, la zorra se paró sobre dos patas tratando de alcanzarlas; pero se dió cuenta de que el racimo estaba demasiado alto para alcanzarlo. Pensó que podría saltar para cogerlo, tomó carrera y dio un gran salto, pero sus patas apenas pudieron rozar las tan deseadas uvas. Siguió intentándolo varias veces, hasta que rendida, se dio por vencida y se alejó del árbol.

Pero en ese momento notó un pajarillo que había estado observándola todo el tiempo, y sintió vergüenza: ¡aquel pájaro debía pensar que era ridícula e incapaz! Entonces se dirigió al pajarillo y le dijo:

-Si hubiera querido comerme las uvas las habría alcanzado, pero al saltar me di cuenta de que no están maduras. Las uvas verdes no son un buen alimento para un paladar tan refinado como el mío.

Y diciendo esto se alejó altanera.

La moraleja de la fábula

A menudo los seres humanos fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos que es inalcanzable.